Cuando entré en su habitación Ara empezó a gritar, estaba realmente asustada y yo no entendía porque, así que quise acercarme a ella para abrazarla y susurrar en su oído que todo estaba bien. Pero en cuanto dí un paso adelante se calló al suelo de rodillas llorando y pidiendo que por favor no la hiciera daño. En ese momento me dí cuenta de que no sabía quien era.
Ara y yo nos conocemos desde que eramos niños pequeños, era mi vecina y cuando la ví por primera vez quise acercarme a ella. Cuando lo hice nos volvimos inseparables, siempre estábamos uno junto al otro.
Cuando cumplí 15 años le confesé que estaba enamorado de ella y que no podría vivir siendo solo su amigo. Nunca olvidaré la forma tan dulce en la que me sonrió y me dijo que sentía lo mismo que yo.
A los 20 años decidimos comprar una casa y vivir juntos. Llegados a este punto yo sabía que quería pasar el resto de mi vida a su lado y no dejarla ir jamás. Nuestra vida diaria era tranquila y sencilla, mi trabajo no daba para mucho pero podía sostenernos y con eso nos bastaba para ser felices.
Un día Ara llegó tarde a casa y me miró de una forma que hizo que se me partiera el alma, tan solo la abracé y la deje llorar el mi regazo hasta que no le quedaron más lágrimas. Nunca me contó lo que le pasaba, simplemente me llevó hasta la cama y se recostó sobre mi murmurando un simple “no dejes que te olvide nunca”. En ese momento no entendí lo que pasaba.
Ahora todo está claro, Ara no sabe quién soy. Noto algo húmedo caer por mi rostro, me disculpo y me voy.
Ya hace un año desde ese día, me alejé de ella y ahora mi vida es oscura y triste, hecho de menos esa sonrisa que iluminaba mis días y me hacia olvidar cualquier problema. Muchos días paso por delante de nuestra casa, me cruzo de frente con ella, pero no se da cuenta de quien soy.
Hoy es un día como los demás, paso por delante de ella, pero está vez algo es distinto, Ara se gira y me mira a los ojos. La esperanza se abre paso en mi corazón y muestro una sonrisa amistosa, no quiero que pase como la última vez, no quiero volver a verla llorar, y menos si yo soy la causa. “Yo… no se porque, pero desde hace mucho tengo un vacío en mi pecho, siento que me falta algo muy importante y no puedo saber que es, pensará que soy una idiota.” Lo dice con lágrimas en los ojos, siento unas ganas irrefrenables de abrazarla y decir que todo está bien, que estoy con ella y no tiene que llorar nunca más, pero me quedó quieto en mi sitio y dejo que continué. “Pero, cada vez que me cruzo con usted siento que ese vacío se llena de una sensación cálida, es estúpido pero… ¿le importaría decirme su nombre? tal vez así el vacío desaparezca.”
Pronuncio mi nombre, despacio, casi en un susurro y la veo empezar a llorar, entonces corre hacia mi y me abraza. La gente alrededor de nosotros empieza mirarnos, pero a mi me da igual, después de tanto dolor vuelvo a tenerla en mis brazos y eso es lo único que me importa. “Te dije que no me dejarás olvidarte” ”no sabes lo difícil que a sido vivir sin ti, te prometo que a partir de ahora estaré siempre a tu lado, incluso si no sabes quien soy, no te dejaré sola nunca más.”
Ese día fue especial, ella volvió a olvidarse de mi, pero me mantuve a su lado, le dije que era un amigo y Ara lo creyó. Nunca recordó quien era, y eso me dolía más que nada, pero me mantuve a su lado, ya que su sonrisa era más importante que nada, y yo sentía el deber de hacerla feliz, aun a costa de mi dolor, porque ella era más importante que yo mismo.

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