La muchacha caminaba lentamente bajo la fría luz de la luna, su respiración se volvía vaho gracias al frío de la madrugada y este, a su vez hacia que su menudo cuerpo temblara.
Aunque eso no le importaba, le gustaba caminar bajo la atenta mirada de las estrellas, imaginando que la gente que había muerto la contemplaba desde allí.
También le encantaba la tranquilidad de la noche, no sentir el asfixiante sonido de la ciudad que le hacía sentir dolor de cabeza a la vez que repugnancia.
Aunque supiera que todo lo que albergaba la noche le gustaba, empezaba a sentirse débil, el frío no era bueno para su cuerpo, y no llevaba la ropa necesaria para cubrir su ser de las frías cuchilladas del clima.
Caminaba por el sendero, despacio, cada vez más despacio, sintiendo que su mirada se nublaba de cuando en cuando.
Viendo como sus fuerzas flaqueaban llegó a la orilla de un lago, se sentó, observando la superficie que ondeaba de forma tranquila con el abrazo del frío viento.
Se observó en el agua clara y tan solo llegó a distinguir una sombra oscura y confusa, sonrió mientras caía hacia un lado, inconsciente, parecía que el frío la había vencido, pero eso ahora no importaba.
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Abrió los ojos confusa, se encontraba en el mismo lago, pero la luz había cambiado, ahora era clara y podía distinguir lo que la noche anterior se le antojó confuso y tenebroso. Se levantó de su cómoda posición.
Ahora no sentía el constante malestar de su cuerpo, se sentía casi renovada, como si hubiera vuelto a nacer. Sonrió levemente ante esta ocurrencia, era algo que su madre solía decir muy a menudo, o por lo menos eso recordaba.
Decidió seguir su camino, seguir sendero arriba, ignorando todo lo demás, ya no le importaba la ciudad, ni su atronador y constante sonido, solo le importaba seguir el sendero, ir hasta donde este le llevara, sin importar donde acabara o el caer por el camino.
Llevaba un buen rato caminando cuando la vio, una mujer de cabello y ojos oscuros, vestida con un sencillo pero elegante vestido blanco. Estaba sentada en una roca del camino, con la cabeza hacia abajo, pero en cuanto sintió su atenta mirada levantó sus ojos hacia ella, se levantó y empezó a caminar en su dirección.
Normalmente la muchacha habría retrocedido asustada, incluso es posible que hubiera empezado a correr, presa del pánico, pero esta vez no, no sentía miedo, simplemente observaba a la mujer de blanco, sintiendo calidez dentro de ella.
La mujer por su parte llegó hasta donde estaba la chica y le tendió una mano, ofreciéndole gentilmente que fuera con ella. La muchacha accedió y todo cambió a su alrededor, sintió como si se elevara y entonces se percató.
Al mirar hacia abajo se vio a si misma, tumbada al lado del lago de la noche anterior. Observó a la dama de blanco, quien sonrió y le acarició el cabello. La muchacha pensó que realmente nada importaba, solo el final de sendero que es la vida, y ahora ella estaba a punto de saber que había al otro lado, acompañada por la figura de la hermosa dama de sonrisa amable que la guiaba, como había hecho con muchos antes, viendo como miles de senderos terminaban.